domingo, 2 de febrero de 2014

El último concierto (In memoriam)



Entre el artista que lo da todo sobre el escenario y la vida cotidiana de esa misma persona, hay una historia que contar, la de una existencia que no siempre es armónica. De eso nos habla Yaron Zilberman en El último concierto, de lo que hace la gente para no perder la armonía, de aquello que entregamos, de aquello a lo que renunciamos.
Sinopsis:
Tras 25 años cosechando éxitos y gozar fama mundial, el futuro de un cuarteto de cuerda de Nueva York está a punto de recibir un duro golpe que pondrá en entredicho su futuro. El violonchelista de la formación (Christopher Walken) está padeciendo los primeros síntomas de una enfermedad que en poco tiempo pondrá fin a su carrera como intérprete. La incertidumbre sobre su futuro se apoderará del cuarteto, dando rienda suelta a emociones reprimidas, egoísmos y reproches que pondrán en entredicho años de amistad y colaboración profesional. La vida siempre da una segunda oportunidad, por lo que encontrarán una solución que les permitirá ofrecer “El último concierto” (para conmemorar sus 25 años como formación), poniendo a salvo tanto su amistad, como su inmenso y reconocido legado musical.
Siempre es interesante ver a la persona que hay tras el artista, recordar que “ellos” también son de carne y hueso. En este caso vemos la cara B de los componentes de un afamado cuarteto de cuerda “The Fugue”, y sin embargo, hay cierto exceso en esos personajes egomaníacos, algo que desentona y que otorga a la película una textura de culebrón con aires dramáticos. Es una lástima que el guión no acabe de “armonizar” con la actuación de un elenco de lujo: Christopher Walken, Philip Seymour Hoffman, Catherine Keener, Imogen Poots y Mark Ivanir. Ellos son quienes sostienen la película, así como la presencia de una brillantísima estrella invitada, “Ludwig van Beethoven”.



Cabe destacar el Opus 131 de Beethoven, la pieza musical sobre la que gira toda la obra. Estructurado en siete movimientos que el propio Beethoven consideraba, debían ser tocados sin interrupción (attacca), se convierte en la metáfora sobre cómo afrontar los retos que nos ofrece la vida.
El Cuarteto Brentano es el encargado de la brillante interpretación del Opus 131 y también es memorable la aparición de Anne Sofie Von Otter interpretando la aria Marietta.
Sin excusa para melómanos.

1 comentario:

jordim dijo...

Queda la obra de un grande.