domingo, 17 de octubre de 2010

Se podría llamar Aurora…

¿Cuál es la intención del periódico tirado en la calle que vuela con cada golpe de viento? ¿No han quedado sus letras lo suficientemente amarillas como para terminar con su agonía?


Dime, ¿puede el sonido de dos tacones inundar una calle vacía en toda su magnitud?

Todo estaba ahí, abajo, bajo las dos largas extensiones que salían de su esculpido tronco. Era una obra dadaísta y no se podría decir que fuera apta para todos, pero ahí estaba, a ras de sueño, arrastrando sus pies y llevándose con ella lo más indecoroso y cálido que traen las calles.

Sus senos se antojaban un telón de teatro entreabierto.

Le tenía miedo a la oscuridad. Quería ser gato o ladrón y rozarse contra las paredes.

Sabía bien que no hay sentimiento más cálido que el de acariciar algo dormido. Por eso se rendía al sueño en los trenes, esperando que alguien se decidiese a acariciar su lomo erguido.

El sol madura las peras del árbol bajo el que ella se tumba. Los botones de sus vestidos sufren de crepúsculo sobre la hierba. Frutas que caen al suelo y rozan sus pies, ahora desnudos. Por fin…

Se pregunta dónde guardará todo lo que se le ha ido pegando a la suela de sus zapatos: chicles de mil bocas rosas, cristales de canicas, polvo, entradas antiguas de un cine que ya ha cerrado, saliva, vómito, ladrillo molido, semen, cemento, lágrimas, excrementos de perro, sudor, sangre…Cuando viajó al sur sus tacones llegaron cansados y olían a naranjas y a sol de media tarde.

Se llevó las peores nieves y las más tediosas mañanas.

Recorrió tantas cafeterías que los granos molidos bajo sus pies perfumaban calles enteras.

¿Cuánto más debía caminar?

Ya no puede quitarse los zapatos y pisar la hierba bajo el peral.

Sus tacones son la extensión de su cuerpo, así como en un lugar lejano que recuerda a Chile la gente dice que se acaba el mundo, del mismo modo no hay nada más bajo la suela de sus zapatos. Es como si la tierra fuera sólo un papel de caramelo pegado a ella, un caramelo de la boca de un niño inocente. Era tal su fuerza que las calles se dividían, se reconstruían las aceras por estar bajo ella. Los edificios se demolían a su paso, en el bosque alguien creyó oír el lamento de un árbol cayendo.

Pero ella deseaba deshacerse de ellos y pisar las uvas de un vino rancio que acabase derramado sobre los labios de un joven que camina descalzo por el calor. La libertad en forma de pequeños dedos que cuelgan de las camas.

Sus tacones eran hierro negro incrustado, dueños de palabras soeces y hombres de ojos aceitados.

Ella quiere sentarse bajo el peral con sus pies desnudos y que venga Prometeo con ella a jugar antes de que el tiempo pase y su zapato acabe imantado al campanario de una vieja catedral.

Ella podría llamarse Aurora, que amanece vestida de escarlata y púrpura, desdichada ella, ya no juega con sus pies desnudos, pero espera por Prometeo, que venga y le haga el amor bajo el peral y se lleve el sucio mundo de la suela de sus zapatos.
 
 
 
Escrito por: The wayward dahlia
 

3 comentarios:

◊ Dissortat ◊ dijo...

Es magnífico. Aurora, recuerdo que a la bella Aurora, Homero siempre la nombra como "la del peplo color de azafrán". Hace tanto que leí al gran maestro de la épica...

Saludos otoñales

Igor dijo...

Sí magnífico y con sabor a muerte. Parece un tango el relato. El pasado, el presente tenebroso. Esos tacones que sostiene a un fantasma.
Tiene mucho, mucho sabor y es un placer leero. ¿Quién es The wayward dahl?
Prometeo no vendrá, me temo.
Un beso.
PD: de Dissortat siempre se aprende algo.

Patricia dijo...

¡Hola! Me alegra saber que os ha gustado el relato de mi joven amiga, Wayward Dahlia.

Tiene un arranque espectacular, con ese periódico amarillento girando con el viento y el sonido de los tacones inundando la calle. Lo encuentro muy, muy visual. Cinematográfico. Puedo imaginarme perfectamente una película que arranque con esta escena, veo la imagen de esa mujer que lleva un mundo en los zapatos. Huelo la fruta, siento la brisa y oigo las palpitaciones de su corazón hablándole a Prometeo. Dissortat tiende a las sombras, Igor. Y creo, sinceramente que ésta es una historia de luz. Prometeo vendrá. Pero como en todas las buenas historias, tienen que haber giros, incluso clandestinidad... Talvez, protegida por las sombras del amanecer, esa mujer llamará a la puerta de un burdel y dirá la contraseña secreta. Alguien abrirá la puerta, lo justo para que ella se escurra, y como ella sabe esconderse en los radiadores, allí no se colará ni el gato. No, esta vez no.

¡Un beso Wayward Dahlia! Vuelve cuando quieras, esta es tu casa!!!